martes, 21 de octubre de 2008

Comparación de la columna y entrevista a Lagos

Para empezar quisiera referirme a la columna escrita por Carlos Peña en la que afirma “candidato hay” (haciendo alusión a la clara señal que el ex mandatario está dando a la opinión pública acerca de una eventual candidatura presidencial para el 2009). En este sentido, el rector de la universidad Diego Portales es tácito en señalar que Lagos tiene ganas de hacer frente a su propio gobierno, es decir, combatir aquellos problemas que hoy se están generando como consecuencia de su propia gestión cuando unos cuantos todavía pensaban que el Transantiago iba a ser la salvación del transporte público capitalino. Peña enumera varios factores que motivan esta opción del ex presidente por querer batirse con Piñera, como por ejemplo, la provocación que la derecha le impone día a día a la Concertación, la que se ve plasmada en la contienda municipal. Por cierto que es un fuego que él intenta por todos los medios de amagar, sin antes estar seguro que su rol como funcionario internacional vale la pena relegarlo a un segundo plano en su agenda académico-profesional.
Lo que también puede desprenderse de esta columna, es la crítica que muchas veces se le hace a Piñera y que tiene eco en el comportamiento de Lagos. El por qué no prefirió “quedarse tranquilo en su escritorio” en vez de intentar una vez más de sortear las ingratitudes que implica competir por el sillón presidencial.
El regreso del ex ministro de Obras Públicas no fue espontáneo ni nació de manera casual, sino más bien fue producto de un trabajado plan comunicacional que le permitió sostenerse firmemente en los medios durante mucho tiempo, sin vacilar, aun cuando los más escépticos creían que su intervención sólo duraría unas semanas. Estos últimos se equivocaron ya que aún sigue siendo el centro de atención de toda la prensa y los gráficos que esperan la mejor foto del señor Lagos. Sin duda, su confianza y seguridad proyecta a las cúpulas partidistas una sensación extraña, por no decir, temerosa. Esto, por ser un personaje político incapaz de definir su postura frente a los desafíos impuestos por su propia coalición. Carlos Peña habla de una pugna con la dirigencia concertacionista, sobre todo con la DC, quien lucha por llevar a su propio candidato hasta el final. Sin embargo la piedra de tope sigue siendo Ricardo Lagos, así como también para los demás partidos quienes le piden claridad para llegar a un acuerdo que beneficie a todos por igual. El término utilizado por el columnista del Mercurio “figura transferencial” para referirse al ex mandatario, resulta anecdótico. Pareciera que los conceptos de amor y odio que su coalición suele conjugar en su persona, no hace más que poner en práctica esta nueva palabra compuesta. El fundamento de Peña radica en que finalmente todos terminarán por compartir la mejor propuesta que se presente. Todo por querer llegar al poder, sin importar la vía o, en este caso, la candidatura. Los partidos son concientes que aceptarán la carta de Lagos si éste resulta ser la única alternativa mediante la cual la Concertación logre forzar una segunda vuelta con Piñera. Y quien sabe si nuevamente vuelva a ganarle a la Alianza tal como ocurrió en 1999.

Ahora, si comparamos la entrevista que Ricardo Lagos da al diario La Tercera el mismo día que Carlos Peña escribe su columna, el enfoque es completamente distinto. Mientras las respuestas que el ex presidente entrega al periodista dejan entrever que no será candidato el 2009, en la columna la decisión prácticamente ya está tomada y la interpretación de quien escribe apunta en la dirección contraria: Lagos piensa, siente y asegura que será la opción presidencial del año que viene. En este espacio se preocupa de descargarse contra los díscolos y se encarga de responder, con calma, a las críticas de su gobierno. Además, enfatiza la importancia que tiene el haber sido presidente de la república y por ende, el rol que debe jugar como figura política en las elecciones municipales. Asegura que disminuirá su presencia en el exterior en favor de los candidatos que él espera apoyar, marcando una notable contradicción con respecto a lo que se plantea en la columna de Carlos Peña. Ahí dice que su proyección a nivel internacional se ha ido expandiendo de tal forma que no resulta razonable que considere la posibilidad de ser una alternativa viable para presidenciable de la Concertación (a pesar que la tesis de Peña es que Lagos va como candidatos). Por otra parte, en la entrevista, éste se encarga de tomar distancia del tema y prefiere no entrar en mayores detalles, aplazando así el debate sobre un eventual nombramiento para después de las elecciones municipales. Resulta paradójica la frase “Hay que pensar en los mensajes que se envían” cuando es él mismo quien no toma los resguardos necesarios al lanzar declaraciones poco afortunadas a la prensa que se interpretan como auto proclamaciones. No olvidemos que es Lagos quien se refiere a la confusión que genera en la gente la presencia de dos listas a concejales en la Concertación, ignorando las repercusiones que tiene en la opinión pública el doble discurso de “si es no es” del ex ministro de Obras Públicas. Quién puede entenderlo cuando habla de unidad cuando ni siquiera en los partidos cuenta con el apoyo necesario para levantarlo como posible candidato, o por lo menos, para validar su figura a nivel de campaña municipal (las opiniones acerca de la confusión que generan sus intervenciones en los medios, se multiplican todos los días).
Llama la atención, además que en la entrevista muestre una convicción tajante de que lo que hizo, lo hizo bien, sin ninguna autocrítica aparente. “No he visto que las encuestas muestren una visión crítica de mi gobierno, al contrario”, dice. Habla de orden cuando él mismo viene a desordenar el escenario político de la Concertación, sobre todo en períodos municipales. Teoría que tanto la columna como la entrevista comparten. En la entrevista es claro que Lagos no se hace cargo de nada. Todos los problemas del gobierno actual los alude a factores externos que tienen repercusión en la política interna del país y para qué decir el efecto que tuvo su gestión en el momento que vive actualmente el país. “Problemas de implementación”, dirá.

Catalina Lara San Martín