miércoles, 10 de septiembre de 2008

¿La reconciliación de los chilenos?

Ha muerto Pinochet.
Su muerte venció a la justicia, por lo menos a la terrenal, que no fue capaz, a pesar de todos los procesos en su contra, de condenarlo por los hechos que se le imputaban. Ahora, será la historia la que se encargará de juzgarlo, la que tendrá la tarea de perpetuar la imagen de un dictador, cuya administración pasó sin piedad sobre los derechos humanos y que, más allá de los logros y perjuicios que se le adjudiquen, fue capaz de dividir a un país.
Para algunos es el fin de la etapa más oscura de nuestra historia, el fin de un personaje que despierta las más acaloradas pasiones y que hoy comienza a quedar atrás, sin embargo, este capítulo se cierra con una imagen que retrata su más triste legado: Champagne y lágrimas, el dolor unos, la alegría de otros…
¿Será realmente este el comienzo del fin de los enfrentamientos entre los chilenos por la figura del ex dictador? Esperemos que así sea, pero la carga histórica que deja es tan potente, que probablemente permanecerá como un fantasma que seguirá dividiendo generaciones…

Muerte de Pinochet

Señor director:

Por fin ha llegado la paz para Don Augusto Pinochet y para Chile. La muerte tocó las puertas del ex dictador y abrió un nuevo a camino al olvido. Hoy los chilenos, divididos por una historia sangrienta, podrán seguir adelante sin volver al pasado. El hombre que causó miedo y finalmente pena se ha trasladado de nuestro presente a los libros de la historia del país. Algunos lo recordarán por sus pecados y otros por sus legados al país, lo cierto es que la muerte vino a buscarlo a él para devolver la paz a la nación.

Rosario Danús

Sergio Muñoz Riveros: El Defensor de la Concertación



Su pasado como comunista lo hacen ver, ante los ojos de muchos, como un traidor que se sometió a los avatares de un sistema neoliberal que se postulaba como más provechoso y seguro. Un hombre que dejó la bandera roja por abrazar los ideales de una Concertación que pretende ejercer la democracia a como dé lugar.


Leer hoy en día las columnas políticas de Sergio Muñoz Riveros podrían causar extrañeza entre quienes conocen su pasado. Nadie imaginaría que alguien que participó activamente en el Partido Comunista de Chile, que proclamó como propios los ideales marxistas leninistas y se alimentara desde la década del 60 hasta parte del régimen militar de los bolsillos de Rusia, pudiera actualmente proclamarse fiel partidario del neoliberalismo y defender con uñas y dientes a más de un personero posicionado en las altas esferas del gobierno. Durante su exilio -tras la toma del poder por parte de Augusto Pinochet- decidió renunciar al PC junto a su amigo de toda la vida, Ernesto Ottone, con quien lanzó hace menos de un mes su libro Después de la Quimera, donde juntos relatan todo este proceso de desapego de los ideales marxistas, dando paso a una relación entre este periodista y el concertacionismo, que hoy podría calificarse como estrecha.


Muñoz es un hombre que toma su trabajo en serio. Cada vez que algún ministro del gabinete de Bachellet o incluso la misma presidenta, son atacados por la bancada de la oposición, allí está Muñoz para defenderlos. A través de sus escritos deja entrever una fidelidad pocas veces vista, que roza el fanatismo que sólo el admirador número uno de un artista podría llegar a sentir.
Profesor de literatura, posee un doctorado de la Universidad Complutense de Madrid en esa misma carrera. Su capacidad profesional lo ha llevado a realizar diversas cátedras en Holanda y Estados Unidos, y a la obtención del premio Alejandro Silva de la Fuente entregado por la Academia Chilena de la Lengua. También fue ex editor de opinión del desaparecido diario Siete y jefe de las páginas editoriales del diario La Nación, periódico para el cual aún escribe sus críticas columnas.


Actualmente se desempeña como director editorial del centro de estudios Proyectamerica –de tendencia concertacionista- y desde enero de este año realiza análisis políticos, redacción de documentos y asesorías comunicacionales en la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda junto a Juan Carvajal –asesor de Michelle Bachellet- a quien conociera en 1976 cuando ambos pasaron por el centro de detención Tres Alamos, durante en régimen de Pinochet.


No sólo sus columnas lo han posicionado como un analista político respetable. Su condición de literato le ha permitido escribir destacados ensayos, entre los que figuran Polí­tica a escala humana (vivir en democracia), Ardua Libertad, La Perestroika y Debate en Chile.
Por Magdalena Frías
Mauricio Lob

Un periodista con experiencia

Egresó de la universidad hace sólo diez años, pero ya ha tenido más de cinco cargos distintos y se ha desempeñado en distintas áreas del periodismo. Desde deportes hasta opinión o reportajes. Su carrera va en ascenso.

El periodista Mauricio Lob egresó de la Universidad Diego Portales en el año 1998, pero desde hace un tiempo ya ejercía su profesión. En 1995 empezó haciendo radio, en el área deportiva de Radio Agricultura, también hacía reemplazos. Dos años después entró como practicante a la Revista Qué Pasa, donde ejercía en el área deportes. Al egresar ingresó como periodista fijo de la revista, lo contrataron como sub editor de deportes, para luego ascenderlo a editor. En paralelo seguía trabajando en radio. El año 2000 Lob queda como editor de dos secciones de la Revista Qué Pasa, tiempos modernos y deportes.
El primero de enero del año 2004 Lob entra a trabajar al diario La Tercera, primero lo hace como sub editor y luego es ascendido a editor o jefe de Opinión. En esta sección sus principales responsabilidades eran: editar y buscar cartas al director, pedir a columnistas que escribieran cartas, revisar la ortografía, producir y editar columnas y, lo más importante, según él, generar redes de contactos con centros de estudios, partidos políticos y figuras públicas “a los personajes públicos hay que sacarles constantemente input para las columnas y para que ellos también escriban” comenta Lob. Además debía definir con el director los temas que venían y a cuáles se les pondría más énfasis, analizando también la posición del diario frente al tema.
Lob reconoce que es difícil hacer buenos editoriales “es complicado abstraerte de lo que tú piensas y entender que hay que argumentar para defender la posición del diario y no la tuya”.
Para escoger las columnas publicables Lob debía juzgar la relevancia, la actualidad, la originalidad, la existencia de noticia y la prominencia del personaje, además buscar el equilibrio de opiniones y garantizar el pluralismo. “Uno busca influencia no masividad. En el caso de los columnistas de sábado y domingo éstos tienen que ser respetados por la opinión pública” comenta Lob.
Después de tres años de trabajo en el área de opinión de La Tercera Lob es contratado como sub editor de reportajes, paralelamente ingresa a dictar clases en la Universidad Diego Portales. En marzo de 2007 se convierte en el coordinador de política y reportajes del mismo diario y actualmente se desempeña como sub editor general de La Tercera. Su mayor desafío es “seguir liderando la agenda política tanto en el día a día como los domingos a través de reportajes y poder hacerlo trabajando con la mayor eficiencia y recursos humanos”.
Mª Elisa Henríquez Bazán.

¿Quién es Larry Moe?

“Quenita es una chacotera de marca mayor. No puede casarse con el Chino Ríos después de dejar plantado a Zamorano. Bueno, en realidad, pudo. Y de hecho, lo hizo. Pero no puede ahora meterse precisamente con el ex de la Alberó. Bueno, lo está haciendo”.

Este tipo de ácidos comentarios son característicos de Larry Moe. El hijo pródigo de Las Últimas Noticias (LUN). Él es quien se encarga de criticar a los diversos programas de nuestra televisión utilizando la mirada aguda, el comentario al hueso e incluso, la burla.

En 1998 el periodista Roberto Rivadeneira (45 años) inventa este personaje para hablar sobre los rostros y espacios televisivos desde el anonimato, con el fin de enjuiciarlos sin temores. Desde ese entonces, Larry Moe ha destacado por el tono irónico y ágil que tienen sus columnas.
”Da la cara, me decían hace 11 años, cuando empecé a comentar televisión. Yo prefería dar mi visión de la TV, que a la larga es para lo que se me contrató. No para hacerme famoso. Hace tres años, le alcancé la sal a Patricia Maldonado en “El Parrón” sin que ella supiera que su vecino era su detestado Larry”, así se defiende Moe de las críticas hacia su anonimato.

En nuestros medios de comunicación escritos, las columnas de opinión se han convertido en la instancia para utilizar el sarcasmo y el humor en todo tipo de temáticas. Y en el nuevo periodismo de espectáculos, Larry Moe es el más irreverente y obsesivo, porque sabe todo y no se pierde ningún programa.

Se dice que este periodista calvo, treintón, que a veces se maquilla y disfraza para pasar inadvertido en los pocos espectáculos públicos a los cuales concurre, fue despedido de canal 13 y por eso los malos comentarios contra el canal del angelito, acompañados de ironías y lecciones sobre cómo hacer programas televisivos exitosos.

“Canal 13 vive una verdadera crisis de rostros masculinos. Revisemos: Luis Jara sumido en el sobrepeso y yendo de tumbo en tumbo en el horario estelar (incluso ahora le despidieron a Juan Pablo González, el director de “Vértigo”, y tiraron a Yerko Puchento a trabajar en otro proyecto). Cristián Sánchez, que topó techo hace rato en el canal, ahora más encima resulta opacado por el meteórico ascenso de su pareja Diana Bolocco”.

Larry Moe asegura que SQP (Sálvese Quien Pueda) ha cambiado la forma de hacer periodismo en Chile. Ha derribado el viejo axioma de que había que reportear. Simplemente basta con especular en forma graciosa sobre lo que los demás medios cubren. Es el periodismo interpretativo llevado al delirio.“Son un grupo de vecinos copuchando de lo lindo. Deberían cerrar cada programa despidiéndose con una reverencia grupal, al estilo de Teatro en Chilevisión. ¿El próximo paso? Deberían salir en gira, al estilo de RBD. Ser transmitido con público en vivo. Asumir que su futuro es volverse una compañía de teatro itinerante".

Su seudónimo, basado en la vieja serie de Los Tres Chiflados, le ha traído duras criticas. Incluso llegaron a decirle que Larry, Moe y Curly tenían más neuronas que él. A lo cual respondió:“Efectivamente, mi último conteo neuronal reveló que sólo me queda una. Pero los médicos me aconsejan que no desespere, que podría hacer carrera bailando en paños menores en "Morandé con Compañía".

Así es Moe. Y al público de LUN le encanta. Tanto que tiene uno que otro admirador que trata de imitarlo. Pero no le llegan ni al talón.

Nicole Sternsdorff

Una vida de película

A pesar de que Héctor Soto estudió derecho, jamás ejerció como abogado. La crítica cinematográfica fue lo que lo llevó a convertirse en periodista, transformándolo, actualmente, en uno de los comentaristas más connotados tanto de la radio como de la prensa escrita.

En una entrevista concedida hace algún tiempo, Héctor Soto dijo tener cada vez menos resistencia para ver películas malas. Esto lo hace pensar que el cine le está gustando menos y, que el verdadero cinéfilo, es quien es capaz de amar y disfrutar de las producciones cinematográficas que no son bien consideradas bajo el ojo experto de quienes saben de cine, o al menos dicen saber. Pero de lo que no le cabe duda alguna a este periodista es que siempre le han gustado las películas. Desde chico las veía junto a sus padres, y hoy, a sus 60 años, sigue manteniendo esa misma fascinación por el séptimo arte, la misma que lo llevó a convertirse en periodista, haciendo de su oficio, su profesión, y dejando de lado las leyes, carrera que estudió pero que finalmente nunca ejerció.
De todas formas Soto no sólo se quedó con el cine. Incluso se podría decir que las películas fueron su puerta de entrada a otro tipo de comentarios, llevándolo a convertirse en uno de los columnistas políticos más connotados y en un hombre que ha aportado mucho al periodismo. Basta con señalar que fue uno de los creadores de la revista Capital, publicación en la que escribe de vez en cuando.
Pero además de tener un espacio en este medio, también colabora en otros, siempre manteniéndose ligado a la opinión. En el diario La Tercera, por ejemplo, analiza los sucesos que van marcado la escena política nacional y, sobre todo, los hechos relacionados con la derecha y su accionar en distintas materias. En la radio Duna conduce junto a Fernando Villegas el programa “Terapia Chilensis”, instancia en la que se refieren a cine, actualidad y otros temas contingentes. También ha ayudado a editar libros, específicamente La travesía del desierto, del senador Andrés Allamand, y Sobre vivir, de Milán Platovsky, que trata de la vida durante el holocausto. Su publicación más reciente es una recopilación de sus trabajos por parte de Alberto Fuguet y Christian Ramírez, bajo el nombre de Una vida crítica.
Así, Soto reúne una serie de otras actividades que lo han llevado a ser denominado como uno de los hombres que más sabe sobre la derecha chilena. Paradójicamente críticas cinematográficas ya no hace, pero sí ayuda a elaborar las opiniones de Pablo Marín, quien escribe en el suplemento Cultura de La Tercera. A pesar de esto Héctor Soto sigue viendo películas como lo hacía desde pequeño, aunque ya no las considere a todas una buena inversión para gastar el tiempo.

Alejandra Vidal

El día después de la muerte de Pinochet

La muerte de Augusto Pinochet no pasó desapercibida para nadie. Los diversos medios de comunicación, tanto a nivel nacional como internacional, cubrieron el suceso, dedicándole páginas y páginas al deceso. El diario La Tercera, en su edición del 11 de diciembre de 2006, es decir, un día después de la muerte del General (r), no fue la excepción, abarcando exhaustivamente la noticia al igual que otros medios.
Las cartas al director que se publicaron aquel día dan cuenta de una visión que parte de los chilenos tenía para ese entonces. Muchos de los lectores que fueron publicados representaron de alguna forma el pensamiento de cierta parte de la ciudadanía, sobre todo cuando se hace referencia a los contrastes entre los funerales de Augusto Pinochet y de Gladys Marín. Otro punto en común fue la apelación a los aportes que se hicieron durante el régimen militar, lo que llevó a la inserción de Chile en un plano económico mundial.
La editorial de la misma publicación, por su parte, tiene reflexiones bastante similares a las cartas enviadas por los lectores. En ésta se señala que la imagen de Pinochet seguirá causando controversia durante un largo período, incluso ya muerto, ya que el General (r) despierta fervor y odio en la ciudadanía en general. Además, la editorial evidencia una realidad que no es ajena para nadie y en la que coinciden tanto detractores como partidarios; lo que marcó al Gobierno Militar fueron las violaciones a los derechos humanos y un proceso de transformación económica que sentó las bases para políticas que aún existen, cosa que nadie puede discutir. Pero más allá de esto, y de señalar que estos dos puntos han sido en gran parte reconocidos por los polos, se señala que su muerte es la oportunidad para superar de una vez por todas el quiebre del país. Hoy, el tema de Pinochet y todo lo que implicó su gobierno, está sin duda más superado. De todas formas sigue siendo ocupado por la Concertación para atacar de alguna forma a la Alianza, sobre todo cuando ésta alcanza índices de mayor popularidad o presenta medidas que perjudican al Gobierno.

Una mirada más profunda
Los sociólogos Eugenio Guzmán y Patricio Navia establecieron que Pinochet fue el eje central por el cual la política giró durante los últimos 30 años. Dejan entrever, además, que de alguna forma el General (r) es padre del Chile actual. Esto por la reorientación que debía tener el PC, ya que antes su estrategia política era hacia Pinochet. Una vez fallecido, urgía la necesidad de buscar nuevas banderas de lucha. La Concertación tampoco se salva, ya que pierde un punto de unidad, teniendo en cuenta que la coalición nace para oponerse a Pinochet. Por ende, tras su deceso, deberá ver si es capaz de seguir siendo viable y buscar qué punto es lo que los une. Cosa que actualmente no está muy clara y que ha sido reconocida por integrantes de la coalición. Pero la Alianza tampoco sale victoriosa de todo esto, ya que debe hacerse cargo de una imagen que pesa hasta el día de hoy: las violaciones a los derechos humanos.
Ascanio Cavallo también coincide con los columnistas recién nombrados, señalando que en los últimos 30 años Pinochet marcó al país. Pero destaca otro punto; la paradoja que se creó entre la convicción de Pinochet de haber trabajado por la unidad de Chile, pero que se terminó por constituir como una figura que lo separó. Se refiere también a un ocaso que comenzó cuando, en 1998, se realizó el primer cambio de jefatura máxima en el Ejército, tras 15 años. Luego le siguió el arresto en Londres, y las cuentas del Riggs, entre otras cosas.
Todo esto debilitó la imagen de un general que quizás nunca pretendió convertirse en lo que llegó a ser; un causante de tantas divisiones y odios que hasta el día de hoy separan a gran parte de los chilenos, y que da sustento a un Gobierno para decir por qué no se debe votar por la derecha.
El régimen militar es más complejo de lo que parece ser. A la hora de analizarlo tiene muchas aristas a evaluar y que se olvidan. Esto porque la gente aún sigue pensando que la derecha en Chile son los viudos de Pinochet, y que la izquierda, o la Concertación, es una coalición llena de comunistas que casi llevan al país a la quiebra y a un desgobierno. Pero estos pensamientos se quedan tan sólo ahí, sin estudiar a fondo lo que aconteció, mientras que las personas siguen haciendo afirmaciones tan graves como éstas y que no tienen un trasfondo bien argumentado.
Por eso, hasta que no se dejen de lado estas creencias “ciegas”, es difícil que Chile pueda avanzar a una democracia real, en donde los ideales políticos y económicos puedan ser respetados por el otro, aunque no se comparta la visión.
Él principal error que cometió Pinochet, el cual quizás nunca se le perdonará, tildando de paso todo el resto de sus obras como negativas, fueron las violaciones a los derechos humanos. Estos sucesos hicieron que el país se dividiera, y que Augusto Pinochet fuera, y siga siendo visto, como uno de los personajes más odiados por la humanidad.

Alejandra Vidal

La pluma intelectual

Ascanio Cavallo llama la atención. No sólo por su nombre que de por sí es “raro” para este país plagado de González, Soto y Pérez, sino que además por cómo escribe. Es extraño leer a un periodista que ponga tanto dato, tanto reporteo y tanta prosa metafórica en un texto periodístico, pero lo cierto es que es justamente ese atributo el que ha marcado las columnas de este ya clásico periodista chileno.
El fuerte de Cavallo es la política. De hecho, escribe casi todas las semanas en el suplemento de Reportajes del diario La Tercera. En estas columnas, podemos encontrar un estilo marcado por los datos duros. Una impresionante cantidad de estadísticas, números y reveladoras informaciones dan pie a la opinión, a ratos, bastante ácida del actual jefe de Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez. Un claro ejemplo de aquello tiene que ver con su columna publicada en relación a la solicitud de dejar en 5 años, en vez de 4, el período de gobierno en Chile: “Para tomar casos extremos: de lo que heredó de Lagos, el gobierno actual eligió paralizar Ferrocarriles y echar a andar el Transantiago. Produjo dos catástrofes. Todo depende de la calidad de la decisión, no de la duración del período”.
En todo caso, la gran habilidad de Cavallo se basa en complementar la información actual con datos duros para reflexionar sobre los aspectos políticos de la sociedad. Lo anterior, si bien es un gran plus para este tipo de columnas, de repente marea. Tanta información dando vuelta puede jugar en contra de lo que realmente se quiere opinar. Sin embargo, Cavallo domina muy bien su propio estilo.
Por otra parte, este periodista, además, escribe columnas de cine en la revista El Sábado de El Mercurio. Estas críticas son demasiado elitistas comercialmente hablando. Lo anterior básicamente se da porque sus comentarios los remite a cintas que no son muy populares en cuanto a publicidad o marketing, lo que, a ratos, hace que la columna se torne muy concienzuda y se tome demasiado en serio el arte del cine, todo lo contrario de lo que se aprecia con su homólogo en la revista Wikén del mismo diario, el periodista Antonio Martínez.
En todo caso, lo que sí es muy rescatable de la columna de Cavallo dedicada al cine es que se remite en un gran porcentaje a cintas nacionales, lo cual se agradece porque siempre es necesario darle más publicidad a éstas. Lo malo, es que estas críticas son demasiado “intelectuales”, con un vocabulario a ratos confuso y un excesivo abuso de las metáforas. Un claro ejemplo es lo escrito en la crítica a Tony Manero del director Pablo Larraín: “…Esta crueldad, este unilateralismo, este ensañamiento moral, que se acompaña de sangre, desechos, heces y mal sexo, plantea más preguntas que las que responde”.
A pesar de la crítica que se le pueda hacer, lo cierto es que Ascanio Cavallo se ha plasmado como uno de los columnistas más cultos que hay en el periodismo actual. En una era en donde cada año egresan miles de estudiantes ¿podrá alguno llegar a ser como él?

Jorge Pérez

Mouat el cotidiano

Francisco Mouat Croxatto es de esos hombres que se sorprenden por lo pequeños detalles de la vida, y tiene la cualidad como pocos, de darles una mirada nueva, un sabor nostálgico y melancólico, una dimensión humana.
Conocido por muchos en el medio, ha hecho de todo. Redactó durante la dictadura en la revista “Apsi” y posteriormente en “Hoy” hasta su desaparición. Fue director del semanario deportivo “Don Balón”, tuvo una escuálida pasada por televisión; en el programa El Mirador de TVN con su sección “El Catalejo de Mouat”. Fue editor de la revista “Viajes” de El Mercurio y actualmente es columnista de la revista “El Sábado” en “Tiro Libre” y comenta deportes en ADN Radio.
Pero su trayectoria, su prontuario, sus logros y reconocimientos lo tienen sin cuidado. Ex profesor de la Universidad Diego Portales, alcancé a estar en su único ramo Taller de Crónicas; su pasión. Las crónicas de Mouat rescatan lo mejor y peor del día de un hombre. Un hombre con problemas, un hombre que, como cualquier otro, se levanta por las mañanas, toma desayuno, escribe a medio tarde o sale de casa, toma locomoción colectiva, usa automóvil, o qué importa, Mouat las ha hecho todas.
Le escuché decir en innumerables oportunidades que un buen cronista es una persona común y corriente, un ciudadano cualquiera, ni con más ni menos aspiraciones, un columnista que sólo debe estar atento a los pequeños detalles del día. Como la mayoría de sus crónicas; encuentro con amigos, muerte de seres queridos, historias en una cafetería, la nostalgia del pasado, la incertidumbre del futuro. La fragilidad de un hombre que vive y respira, sin palabras extravagantes, sin calificativos rimbombantes, sin análisis académicos.
Influenciado por autores como Joaquín Edwards Bello, Ryszard Kapuscinski, Juan Villoro, entre un montón más. Mouat es un lector apasionado. “Para escribir hay que leer primero, leer una y mil veces”, decía en sus cátedras Pancho, como prefería que le dijéramos sus alumnos.
Ha escrito libros de toda índole. De los más conocidos “El Empampado Riquelme”, que partió por una crónica y terminó en libro. Una temática que reitera; la vida y muerte de hombres, de historias, que pasan desapercibidas; sin pena ni gloria. Lo mismo con las crónicas contenidas en “El teniente Bello y otras pérdidas”. Más libros: “Santiago, pena capital” (1992), “Guía negra de Santiago” (1999), “Chilenos de Raza” (2004).
Pero no sólo entre novelas y crónicas se mueve Mouat, su gran pasión el fútbol lo convierten en nuevamente en un aterrizado, un cotidiano. También escribió libros sobre pichangas y anécdotas deportivas: “Cosas del fútbol” y “Nuevas cosas del fútbol”. Crítico y amante del fútbol, por fin se da el gusto de vivir de sus pasiones; comenta deportes en ADN Radio y escribe crónicas que plasman su paso por sangucherías, cafés y eventos sociales.

José Manuel Loyola

Señor Director:

Augusto Pinochet falleció ayer. Conocimos por televisión la alegría que significó para cientos de chilenos que salieron a las calles a festejar su muerte. Los mismos que sintieron la opresión mientras dirigió el país, los mismos que pedían clemencia y apelaban a los derechos humanos. Pero ¿será la muerte sinónimo de celebración? ¿Acaso ellos, que sufrieron tanto con la muerte de sus cercanos, con la desaparición de sus cuerpos, no saben mejor que muchos qué es el dolor? ¿Acaso los derechos humanos no son también respetar la muerte y a los seres queridos que se quedaron en la tierra con el sufrimiento? ¿Es el momento de pagar con la misma moneda y parecer como el Dictador que acusaban de delito?

José Manuel Loyola

martes, 9 de septiembre de 2008

El último deseo de Pérez de Arce

Señor Director:

Más que referirme a lo mal o bien que me parece la muerte de Augusto Pinochet -nadie tiene el derecho a hacerlo con ningún ser humano- y las consecuentes celebraciones fúnebres, me dirijo a usted para rememorar un hit.

Recuerdo haber leído en alguna ocasión, que el famoso columnista de El Mercurio, Hermógenes Pérez de Arce, comentó un último deseo que le hizo saber directamente a Pinochet. Con la seriedad que caracteriza ese estilo algo inglés de Pérez de Arce, se dirigió a su general y le anunció:"general, me gustaría que esté presente el día de mi muerte ¿podría usted asistir a mi funeral?" y éste entre risas contestó "por supuesto"

Indudablemente, vemos cómo se desmoronan las aspiraciones de este fanático del régimen militar y súbdito del general Pinochet. Pero aun así, me aventuro a predecir desde ya, que esta muerte no va a impedir la presencia de Pinochet en el funeral de Pérez de Arce, porque estoy segura de que el columnista va a morir hablando con nostalgia del gobierno militar y del que fuera su responsable: Augusto Pinochet, invitado de honor en la celebración del fin de los días de Don Hermógenes.

Francisca Cordero.

Pinochet y la Concertación

Señor Director:

La partida de una figura tan potente como Augusto Pinochet, quien por años generó opiniones contrarias entre los chilenos y debates varios en los círculos de opinión de nuestro país y en el mundo entero, permite mirar desde otra perspectiva los efectos que su muerte tendrá en la opinión pública. Luego de leer el augurio que hace Patricio Navia en su columna del diario La Tercera con respecto al devenir de la política chilena y sobre todo de la Concertación, no me queda más que compartir su postura. Cuando dice que el motivo por el cual la coalición de gobierno se formó respondía a la necesidad de hacer frente a un régimen que cometía sendos abusos a los derechos humanos, impidiéndose así el desarrollo de una democracia sólida en el país, tiene razón, aunque todavía se tiene que comprobar si la coherencia del discurso oficialista es capaz de mantenerse después de la muerte del general. Todo parece indicar que la cohesión entre los distintos sectores de la Concertación será una tarea difícil de lograr. El fundamento de la lucha se ha extinguido y junto a él, la esencia del discurso oficialista. Más vale que redefinan su postura, sino la Alianza será quien saque los mayores dividendos de este hecho.

Catalina Lara S.M.

La irónica muerte de Pinochet

La muerte del General Augusto Pinochet para algunos fue motivo de una eufórica celebración, congregando a más de 4000 mil personas en Plaza Italia. Alrededor de las 17.00 horas comenzaron a llegar masas de personas al centro neurálgico de todas las grandes aclamaciones nacionales.  Una celebración llena de alegrías, reuniendo, en su mayoría, a defensores de los derechos humanos. Aquellos que desde el Gobierno de Pinochet, lucharon por sus seres desaparecidos.

Pero, ¿es realmente la muerte un  merecido castigo para aquel que siempre se relacionó con ella? Más aún, si su estado de salud cada día empeoraba y su agonía lo reducía a un estado de dependencia absoluta. Quizás por su condición médica, lo mejor que le podría haber pasado, lo único que aliviaría su dolor, era la esperada muerte.

Aquella celebración llena de champagne, abrazos, papel picado, música y banderas, fue por el alivio de un anciano de no pasar el resto de sus días en la cárcel.  El militar chileno, que encabezó una de las más sangrientas dictaduras de América Latina no fue condenado y todos aquellos que lucharon por su condena, salieron a las calles a celebrar su absolución. 

Más aún, la impunidad del sin número de delitos cometidos por Pinochet fueron celebrados un 10 de diciembre, el día internacional de los derechos humanos. Si bien la Presidenta decidió que el funeral fuese sin honores de Jefe de Estado, fue el pueblo el que lo ensalzó como tal. Le celebró la paz que tanto anhelaba.

Francisca Ramírez Fritz

El adiós de un general

La muerte es un espectáculo. Cuando alguien fallece todo el mundo habla. Es el momento en el cual se alaba o critica duramente la vida privada y pública del personaje en cuestión. Ayer fue el turno de Augusto Pinochet. Figura emblemática de uno de nuestros períodos históricos más álgidos. Alegría para algunos, tristeza para otros. Independiente desde dónde se mire, los funerales siempre son tristes. Y siempre hay una familia que sufre. Hijos que no tienen culpa alguna del apellido que llevan.  Simplemente cargan el legado por obra de la naturaleza. 
Cuando murió Gladys Marín, todo el espectro político, a pesar de las diferencias, rindió sus condolencias. Ahora que ha muerto su "archienemigo", la actitud no es la misma. Me sorprendió y es más, me choqueó, ver a tanta gente gritando y saltando de felicidad casi en la cara de los familiares. Personas que ni siquiera forman parte de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos. De quienes podría llegar a entenderse tanta felicidad y jolgorio. Pero me refiero a grupos de jóvenes que vagamente saben lo que pasó en la historia de nuestro país durante el gobierno de Pinochet. Yo pertenezco a esa misma generación, y siento que hay temas de los cuáles uno simplemente debe abstenerse porque no fuimos parte de esa época. Creo que se trata de respeto. Y si no se tiene por el fallecido, al menos por la familia que dejó.
Yo no soy pinochetista. Lo digo abiertamente. No lo defiendo. Pero la justicia llega sola. 
Cuando uno le desea la muerte a alguien, muchas veces se cumple. Y la conciencia pesa. 

Nicole Sternsdorff F.

Adiós Carnaval...

Señor director:
Con motivo de la muerte del ex dictador Augusto Pinochet, el fin de semana recién pasado, me gustaría decir que es un alivio no tener más en este país a la persona que nos hizo tanto daño en el pasado.
A pesar de que yo era muy niño cuando la dictadura estaba en pleno (yo tengo 23 años), tengo claros recuerdos de cómo mi familia vivía con temor de que algo malo nos fuese a pasar. En todo caso, verlo ahí, ahora, muerto, me produce un cierto grado de rabia porque finalmente nunca será juzgado por todos sus crímenes.

Lo lamento de verdad porque la justicia tarda, pero llega. En fin. Lo otro que lamento es que la compañera Gladys no está viva par ver el desenlace de esta historia.

Pero a pesar de todo eso, ahora es el turno de los historiadores; es la hora de hacer sus trabajos y dejar en claro la clase de persona que fue el dictador.
Atte.
Jorge Pérez Jaña.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Muerte Augusto Pinochet

Señor Director:

No tengo recuerdos del periodo militar, era muy pequeña para esa época y, en un principio, siempre me guié por las opiniones de quienes me rodeaban. Hoy que soy mayor de edad trato de analizar la época que vivieron muchos chilenos, pero creo imposible poder emitir una opinión fundamentada y suficientemente sólida si no viví en ese tiempo.
Creo que los únicos que pueden gritar a viva voz, son aquellos que perdieron a algún familiar. Porque la muerte es un castigo que sólo debería ser determinado por la naturaleza, no por decisión de una persona.
Todos los demás, deberíamos guardar silencio, aprender de los errores de una época y mirar hacia el futuro. Para construir un país íntegro y no seguir metiendo el dedo en heridas que no nos corresponden.

Marlene Pérez Weber

jueves, 4 de septiembre de 2008

VDE Colegio Cumbres

Señor Director:

Llama la atención que en Chile se repitan los mismos accidentes de tránsito en lugares que las autoridades se han comprometido a arreglar. Yo realicé el mismo viaje de estudios que las niñas del Cumbres el año 2003 y ya se comentaba lo peligroso era la ruta CH 11. Pudo haber sido mi curso o cualquiera de los miles de colegios que anualmente eligen el Lago Chungará como destino seguro para visitar. Sin embargo, tenía que ocurrir un accidente de tal magnitud para que la prensa y la clase política se hicieran parte en el debate acerca de la seguridad del camino. Me parece, a lo menos, preocupante la tardía reacción de las autoridades que durante el fin de semana coparon los noticieros de cuñas que reflejaban su empatía con las familias afectadas.
Los efectos que dejó este accidente en la opinión pública son muchos. Si bien la crítica común apunta a exigir medidas inmediatas para garantizar seguridad en la vía, también se tiende a cuestionar la responsabilidad que tienen los padres al enviar a sus hijos a estos viajes. Creo que si bien se puede debatir sobre la responsabilidad que tuvo el chofer al momento del accidente, no se puede culpar a los apoderados por una tradición que se viene realizando hace tiempo en los colegios. En el Facebook dedicado a las niñas fallecidas el viernes pasado, una señora cuestionó duramente el actuar de los padres de las víctimas por haberlas dejado ir a un lugar tan peligroso, dejando entrever que gran parte de la responsabilidad por lo sucedido, recaía en ellos. No me parece que sea el momento, el espacio, ni la razón para explicar el motivo del accidente. El tema de fondo es que de una vez por todas las autoridades tomen medidas reales para evitar el carácter reiterativo de los volcamientos en lugares que son conocidos por su mal estado.

Catalina Lara S.M.
Estudiante de periodismo
UDP

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Tragedia Colegio Cumbres

Señor Director:

Durante estos días he escuchado numerosas críticas sobre la cobertura que los medios le han otorgado a la tragedia del Colegio Cumbres. Incluso yo la encontré algo excesiva, siendo que soy periodista y entiendo cómo funcionan los medios. Las fotos de las jóvenes ensangrentadas, el dolor de las familias y las preguntas poco atinadas que dicen: ¿cómo se siente usted?, me hacen cuestionarme cuáles son los límites de la información y en qué momento deja de ser ético o más bien humano informar. Claramente el debate sobre hasta dónde se llega no puede ser regulado, siempre habrán excepciones, por lo mismo las leyes que reglamentan el ejercicio del periodismo no son claras.
Me parece que muchos colegas a lo largo de sus carreras se han preguntando lo mismo, y me parece que así sea, creo que eso hace más humana a la profesión, aunque a veces se tenga que dar cierto enfoque a los acontecimientos porque así tiene que ser.
Quiero establecer además que, a pesar de que a veces parezcamos fríos o que no nos importa el dolor ajeno, esto no es así. Sí nos interesa qué sucede con los demás, y nos complica a veces tener que hacer determinados reportajes o buscarle la quinta pata al gato. El periodismo es complejo y no muy bien mirado por otras profesiones, pero hay que considerar que se trabaja con la premisa de informar y dar a conocer lo que a los lectores les interesa.
Alejandra Vidal

martes, 2 de septiembre de 2008

El último Pasajero

Señor Director:
La tragedia ocurrida en Arica, donde nueve alumnas del Colegio Cumbres perdieron la vida, es una noticia que a todos los chilenos nos dejó pasmado. Sin embargo, el diario La Tercera cometió una aberración al publicar que el chofer Leonel Contreras Peralta era también el encargado de transportar a los estudiantes ganadores del programa de TVN “El último Pasajero”.
Al preguntarle a uno de los realizadores del programa sobre el tema, negó la situación. Es más, el canal mostró el debido respeto y no trasmitir el capítulo del domingo.
La situación es muy delicada no sólo por la tragedia, sino también porque esta publicación puede dañar la imagen del canal, la empresa de viajes y el trabajo de muchos. A su vez, aquellos colegios que tienen la esperanza de ganar un viaje de estudios, quedan con el temor de sufrir el mismo accidente.
El rol de los medios de comunicación es difundir los hechos noticiosos, pero siempre debe existir un cuidado en el tratamiento de la noticia. Principalmente en este tipo de situaciones, donde no sólo se ven afectados los familiares de los accidentados, sino también aquellos padres que confían que el programa de TVN otorgará el mejor servicio para sus hijos.

Francisca Ramírez Fritz
Estudiante de periodismo de la Universidad Diego Portales

Accidente Colegio Cumbres en la Prensa

Señor Director:
Desde el viernes pasado, no me he despegado de la prensa siguiendo paso a paso las noticias del accidente que vivieron las niñitas del colegio Cumbres.
He visto también, gran cantidad de gente molesta por las publicaciones consideradas muchas veces innecesarias.
Sin embargo, paralelamente me he encontrado con padres admirablemente sabios, que habiendo perdido a sus hijos en otras experiencias tan lamentables como éstas, aseguran que lo mejor que pueden hacer los medios de comunicación es seguir difundiendo este tipo de hechos, asumiendo la responsabilidad de que sus propias experiencias pueden ser útiles para el resto de la gente, reconociendo una autodenominada responsabilidad de baluartes para el resto de nuestro país y las generaciones venideras.
Con todas esos testimonios, recordé cuando hace poco más de un año, padres e hijos nos conmovimos profundamente con un papá que apareció en las noticias rogándonos a los jóvenes que por favor nos cuidáramos y pidiéndoles a sus progenitores que por favor hicieran lo mismo.
Es en estas situaciones que me sorprendo con las reacciones de algunas personas, que aún viviendo el dolor más profundo en el alma, son capaces de pensar en el resto. Me surge la duda de si será tan difícil de cargar la pena que no se lo desean ni a su peor enemigo, o que todavía quedan seres humanos generosos capaces de pensar en el del lado y no sólo mirarse el ombligo.
El ejemplo más tangible es la familia de Magdalena Rodríguez Hermosilla, una de las niñitas que murió en el accidente. En una emotiva carta escrita a El Mercurio, agradecen a todos los que les ayudaron en este doloroso proceso; y no sólo eso, se despiden agradeciendo a todo Chile: “Muchas gracias a todos. En momentos tan difíciles como estos es un consuelo muy grande ver que por sobre toda diferencia, el país entero se une en la solidaridad con el prójimo.”
Gracias a ellos, que aun sumidos en su propio dolor, son capaces de captar lo que sufrimos las personas que no los conocemos, pero que proyectamos en esas familias nuestras propias pérdidas y de alguna manera les brindamos algún tipo de compañía.

Francisca Cordero U.
Estudiante. 22 años